Compré este puzzle en Segovia. Me gustó su disposición limpia y sus colores pastel. Me parecía la imagen de un orden salpicada de elementos que transmitían bienestar, paz, quietud. Las piezas, tan bien dispuestas, se cerraban con una tapa y un cierre metálico oro. Y en su tapa frontal, una grabación realizada en pirograbado con tres flores volanderas. Después de tantos años, todavía conservo este recuerdo abierto en el límite de la estantería de libros; tan al límite que cada vez que paso a su lado, me dan ganas de derribarlo, lanzarlo al vacío para que pierda ese aire de composición perfecta, de piezas sutilmente encajadas, de orden impertérrito. ¡Venga ya!lunes, 10 de enero de 2011
Puzzles
Compré este puzzle en Segovia. Me gustó su disposición limpia y sus colores pastel. Me parecía la imagen de un orden salpicada de elementos que transmitían bienestar, paz, quietud. Las piezas, tan bien dispuestas, se cerraban con una tapa y un cierre metálico oro. Y en su tapa frontal, una grabación realizada en pirograbado con tres flores volanderas. Después de tantos años, todavía conservo este recuerdo abierto en el límite de la estantería de libros; tan al límite que cada vez que paso a su lado, me dan ganas de derribarlo, lanzarlo al vacío para que pierda ese aire de composición perfecta, de piezas sutilmente encajadas, de orden impertérrito. ¡Venga ya!
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