domingo, 17 de julio de 2011

Figura

La luna desabrochaba los tejidos que cubrían tu inocencia. Yo te miraba complaciente al otro lado de la mesa. Me divertía imaginarte turbada, silenciosaq, dejándote hacer sin comprender cómo la vida tiene estos caprichos que nos rescatan, a veces, de tormentas y dormitorios vacios. Me permitiste que te acariciara con una pluma y tu sonrisa rozó la ternura. El calor se posaba en tus mejillas y tus ojos desprendieron el color de la fruta fresca. Una gota de agua resbalaba por los surcos de mis manos y resolví cederle mis venas. Fue entonces cuando necesité escribirte estas palalbras para contarte que cada cuarto de hora imagino historias que duran mil segundos dentro de un reloj de arena.